Cómo se coordinan los grandes sistemas sanitarios para liberar el potencial del intercambio de datos en EMEA
Es ampliamente reconocido que los datos sanitarios tienen un enorme potencial para mejorar la salud pública e impulsar una innovación significativa en los sectores sanitarios público y privado. Los casos de uso basados en el intercambio y el tratamiento de datos sanitarios, como el aprendizaje automático y la IA, son numerosos.
Entre los ejemplos recientes figuran algoritmos basados en datos que mejoran el diagnóstico del cáncer, reducen las interacciones farmacológicas peligrosas y predicen la mejor opción de tratamiento a partir de los síntomas, el historial y las características demográficas del paciente.
Como los datos sanitarios están repartidos entre muchos actores, el intercambio de datos sanitarios es un factor clave, y es el tema de esta publicación.
Compartirlos exige superar retos específicos, como la privacidad de los pacientes, la anonimización de los datos sin pérdida de pertinencia y la armonización de datos procedentes de fuentes y sistemas de información dispares.
Estas barreras van cayendo poco a poco, impulsadas por algunas grandes iniciativas nacionales en Europa (Health Data Hub en Francia, NHS en el Reino Unido, MII en Alemania) y en Israel, que analizamos en esta publicación.
Aunque la regulación del intercambio de datos sanitarios está todavía en sus inicios, ¿qué oportunidades tienen las start-ups y las empresas para lanzar proyectos de intercambio de datos?
¿Cuándo deben entrar en juego y qué falta para aprovechar estas oportunidades junto a las iniciativas nacionales?
La directiva europea sobre intercambio de datos deja la sanidad fuera de su ámbito
En 2019, la Comisión Europea adoptó una nueva directiva sobre datos abiertos y reutilización de la información del sector público (ISP). Introduce el concepto de conjuntos de datos de alto valor, en poder de organismos del sector público y empresas públicas, que deben ponerse a disposición para su reutilización [1] por un público más amplio. Hasta la fecha, estos conjuntos de datos prioritarios abarcan datos geoespaciales, de observación de la Tierra y medio ambiente, meteorológicos, de empresas y de movilidad.
La directiva actual excluye en particular los datos sanitarios (evitando así las complejidades de los datos personales) y los datos de titularidad privada.
Todos estos conjuntos de datos de alto valor comparten una característica importante: no requieren una anonimización exhaustiva antes de su publicación y pertenecen en su mayoría a entidades públicas. Dos buenas razones por las que la Comisión Europea no incluyó los datos sanitarios en el ámbito de esta primera directiva.
Compartir a escala europea los valiosos datos sanitarios públicos de millones de ciudadanos lleva tiempo. Además, los datos están fragmentados, son redundantes e incompletos, y en parte pertenecen a actores privados que quizá no estén dispuestos a compartirlos gratuitamente. Aun así, grandes iniciativas nacionales recientes están abriendo el camino a un intercambio más amplio a escala europea.
El sector privado ya ha tenido que lidiar con su parte de restricciones en la gestión de datos desde la entrada en vigor del RGPD (Reglamento General de Protección de Datos), y la situación no se quedará así. La obligación de compartir datos impuesta a los actores privados, como en la PSD2 (segunda directiva de servicios de pago), es un ejemplo claro de cómo puede imponerse el intercambio a las empresas (en este caso, a los bancos), y la próxima versión del RGPD ya está en preparación.
El intercambio público de datos sanitarios gana impulso, y las empresas europeas (laboratorios farmacéuticos, centros sanitarios, aseguradoras, etc.) no están a salvo de un intercambio regulado. Los actores sanitarios también pueden tener buenas razones de negocio para empezar a compartir sus datos por iniciativa propia.
La asimetría en el acceso a los datos sanitarios aboga por compartir más
Los datos de salud se dividen en dos grandes categorías: datos individuales (estado de salud de los pacientes, diagnósticos médicos, pagos y reembolsos) y datos agregados (relativos a centros o profesionales, incluidos los importes globales de pagos y reembolsos médicos).
Estos conjuntos de datos los generan entidades distintas, cada una con distintos niveles de acceso a los mismos datos. El gráfico 1 resume la titularidad de los datos, aunque cada país tiene sus particularidades.
Aunque los datos sanitarios suelen ser sensibles, los casos de uso demuestran que compartirlos puede aportar muchos beneficios, como mejores resultados de salud pública, una mayor eficiencia en los costes y una mejor capacidad para simular y modelizar la economía de la salud.
Algunos casos de uso prospectivos:
- Compartir datos entre aseguradoras públicas y privadas, como hizo Malakoff Médéric con los datos del SNDS en el marco del Health Data Hub, ayudaría a cada parte a entender mejor lo que queda a cargo del paciente y a mejorar el acceso al mercado y la cobertura (por ejemplo, la tarificación y el reembolso).
- Utilizar el estado de salud y los resultados de pruebas para realizar estudios epidemiológicos retrospectivos y evaluaciones comparativas de resultados [2] permitiría entender mejor la eficacia de los actos médicos y de los medicamentos, en beneficio de los tres tipos de actores.
- Los diagnósticos y las prescripciones podrían ayudar a las aseguradoras a detectar patrones ineficientes o fraudulentos y a reducir el coste de los siniestros. Del mismo modo, el rendimiento operativo de los centros sanitarios podría ayudar a las aseguradoras a orientar a sus clientes hacia centros más eficientes o con mejor calidad de servicio, reforzando la relación con ellos. Los profesionales sanitarios tienen entonces un incentivo para compartir estos datos, mostrar sus puntos fuertes y ser elegidos.
- Los centros sanitarios podrían compararse entre sí (como pretende hacer el NHS), mientras que los laboratorios farmacéuticos podrían utilizar los datos de prescripción de los profesionales para evaluar y apoyar la vigilancia del mercado.
- Combinar el estado de salud de los clientes con los pagos médicos podría dar a los laboratorios farmacéuticos una mejor visión del recorrido sanitario de los usuarios de sus medicamentos, lo que llevaría a una mejor comprensión de los hábitos de salud y a una nueva segmentación del mercado.
Gráfico 1: la asimetría en la titularidad de los datos en el sector sanitario.
Compartir datos sanitarios es complejo por su carácter personal y sensible
El principal reto del intercambio de datos sanitarios reside en el equilibrio entre la agregación (para proteger los datos personales) y el valor informativo (muchos casos de uso requieren información a nivel individual).
La anonimización es un punto crítico para desbloquear el intercambio de datos sanitarios, aunque solo sea para cumplir el RGPD. Su objetivo es impedir cualquier intento directo o indirecto [3] de identificar a la persona que hay detrás de los datos. No debe confundirse con la seudonimización, que solo impide la identificación directa del paciente. La seudonimización es el enfoque elegido por el Health Data Hub francés, para preservar un alto valor informativo.
Una anonimización completa reduce sistemáticamente el valor de un conjunto de datos: cuanto más se anonimiza o se agrega, más se estrecha el abanico de aplicaciones. Encontrar el equilibrio adecuado es un reto, y la plataforma de intercambio de datos debe gestionar con cuidado los flujos de anonimización.
La armonización de los datos, como ilustra la iniciativa alemana de formar consorcios de actores sanitarios (descrita en la siguiente sección), es otro reto prioritario. Garantizar que los datos tienen el mismo significado y la misma granularidad para las dos partes que los comparten puede llevar muchísimo tiempo, sobre todo en el caso de los datos no estructurados, que representan una parte importante de los datos sanitarios.
Hay muchos otros obstáculos en el camino, entre ellos las decisiones tecnológicas. Muchas voces se alzaron contra el Health Data Hub francés por utilizar la nube Azure de Microsoft, por temor a que los datos sanitarios de millones de ciudadanos franceses quedaran expuestos a Estados Unidos en virtud de la CLOUD Act [4].
Esto demuestra lo sensible que es el tema y que una comunicación clara y transparente es esencial para evitar el rechazo de la opinión pública.
Al mismo tiempo, surgen soluciones tecnológicas innovadoras, como la Substra Foundation, lanzada recientemente por la start-up francesa Owkin. Substra es una plataforma de código abierto basada en blockchain, que se apoya en criptografía avanzada y aprendizaje automático. Ofrece a los actores sanitarios una forma única de compartir datos individuales protegiendo su confidencialidad. Apricity, una start-up centrada en la fertilidad, empieza a utilizar Substra para proteger el tratamiento de datos sensibles sobre fertilidad en el marco de la estrictísima regulación británica.
Embleema, otra start-up asociada con grandes grupos farmacéuticos, también impulsa un mayor intercambio de datos sanitarios. Utiliza el registro distribuido y los contratos inteligentes de la blockchain para que los pacientes controlen cómo y con quién comparten sus datos.
Panorama de las grandes iniciativas de intercambio de datos sanitarios en EMEA
Gráfico 2: panorama de las grandes iniciativas nacionales en EMEA.
Recientemente se han puesto en marcha varias iniciativas, con Israel como pionero en el intercambio y el acceso a los datos (véase el gráfico 2).
Israel es un ejemplo contundente de lo que permite una gestión centralizada de los datos: solo cuatro HMO [5] cubren a todos los ciudadanos israelíes, y los sistemas de información son interoperables entre hospitales. Con una población genéticamente diversa y 20 años de historias clínicas digitalizadas, el país está sentado sobre una mina de oro. En 2018 se lanzó una iniciativa estatal de 300 millones de dólares para centralizar aún más los datos y ponerlos a disposición de empresas y start-ups. Esta iniciativa contribuyó a atraer a Kamet, el start-up studio especializado en salud respaldado por AXA, que abrió oficinas en Israel. Los vínculos entre las cuatro HMO públicas nacionales y las start-ups israelíes no tienen equivalente en ningún otro lugar del mundo. Entre muchas colaboraciones público-privadas, Maccabi (una de las cuatro HMO) dio acceso a la start-up Ibex a 6 millones de estudios de anatomía patológica para entrenar su algoritmo y ofrecer una segunda opinión diagnóstica sobre biopsias de cáncer de próstata.
En Europa, Francia, el Reino Unido, Alemania y los países escandinavos marcan el camino.
En Francia, la base de datos nacional SNDS reúne los reembolsos del seguro de enfermedad, la actividad médica de los hospitales y las causas médicas de defunción. Hace un año, el Gobierno francés lanzó un programa y una plataforma ambiciosos, el Health Data Hub, para abrir el acceso a esta base a investigadores y empresas. En cada convocatoria, los proyectos se seleccionan por su potencial para enriquecer la base y su contribución al interés general. Aunque el acceso sigue limitado a convocatorias puntuales, los responsables del Health Data Hub afirman que su objetivo a corto plazo es un proceso más ágil e inclusivo. Muchos de los diez proyectos seleccionados en la primera convocatoria implican a empresas privadas o start-ups. Además de la iniciativa de Malakoff Médéric citada antes, destaca el proyecto Hydro: la start-up Implicity utiliza los datos del SNDS para construir un modelo que predice los infartos.
El Health Data Hub acaba de lanzar una segunda convocatoria dirigida a las start-ups de IA.
El Reino Unido ha abierto al público una versión anonimizada y muy agregada de los datos (sobre la población y el rendimiento de los centros) procedentes tanto de la asistencia del NHS como de algunos hospitales privados, pero de ningún otro actor privado. El NHS ha asumido así, con un enfoque descendente, la función de centralizar los datos públicos y privados en aras de la transparencia. Resulta especialmente útil para comparar el rendimiento de los hospitales privados y públicos.
Alemania también se ha comprometido a compartir datos sanitarios a través de la Medical Informatics Initiative (MII). Con una inversión de 160 millones de euros hasta 2021, el Gobierno alemán apoya la interoperabilidad de los sistemas de información y la integración de los datos dentro de consorcios [6] formados por hospitales locales, universidades, empresas y hospitales no universitarios. Más allá de la interoperabilidad, cada consorcio trabaja en casos de uso concretos a partir de sus datos. El consorcio HiGHmed, por ejemplo, desarrolla un sistema automatizado de alerta temprana para detectar algorítmicamente brotes de patógenos en los hospitales, con numerosas instituciones públicas y de investigación y empresas privadas como Siemens.
Los países escandinavos tienen una larga tradición en el uso de sus datos sanitarios. En Suecia, algunos datos se remontan a antes de la década de 1960, ya que los datos sanitarios públicos se recogen de forma sistemática y se vinculan con datos de educación e ingresos. Estos conjuntos de datos son accesibles para los organismos de investigación y, en cierta medida, para las empresas, lo que permite relacionar la atención recibida con los resultados socioeconómicos a largo plazo a nivel individual; por ejemplo, vincular una intervención temprana exitosa con la capacidad de encontrar empleo o de obtener un título.
La plataforma de lanzamiento del intercambio de datos sanitarios está lista
Compartir datos sanitarios puede crear valor al tender puentes entre una gran variedad de actores médicos, pero ese valor solo puede liberarse con el marco de intercambio adecuado. A medida que crece el intercambio de datos sanitarios, las empresas deben aprovechar la oportunidad de construir métodos de intercambio sólidos, tanto en gestión de datos como en tecnología.
Las barreras que quedan, desde anonimizar datos personales y sensibles sin perder valor informativo hasta la armonización de los datos, están cayendo gracias a nuevas tecnologías diseñadas para proteger el intercambio de datos sanitarios. La Substra Foundation, lanzada recientemente por Owkin, es un ejemplo perfecto.
Basada en la tecnología blockchain, utiliza criptografía avanzada y aprendizaje automático para que los hospitales puedan compartir datos personales de forma segura. Al ser un proyecto de código abierto, cualquiera puede usar la plataforma.
Los gobiernos se han dado cuenta de este valor, y el impulso en torno al intercambio de datos sanitarios crece en Europa, gracias a iniciativas ambiciosas. A corto plazo, esperamos que las iniciativas nacionales sigan ganando alcance y volumen. Unirse a los programas en curso es una forma de que las empresas exploren cómo sacar el máximo partido a sus datos, al tiempo que refuerzan sus vínculos con los legisladores del mañana.
La plataforma de lanzamiento está lista para que los actores privados empiecen a compartir datos sanitarios, y los actores del sector deben seguir desarrollando sus competencias en tecnología y regulación de datos.
[1] De forma gratuita, en formatos legibles por máquina y mediante interfaces de programación de aplicaciones (API).
[2] Evaluación del grado en que se produce el resultado deseado y de los factores que influyen en él.
[3] Por ejemplo, cruzando varios conjuntos de datos para reidentificar datos personales.
[4] Ley federal estadounidense que puede obligar a las empresas tecnológicas con sede en Estados Unidos a facilitar datos al Gobierno estadounidense cuando este los solicite.
[5] Las health maintenance organisations son proveedores públicos de servicios sanitarios y aseguradoras. Todo ciudadano israelí debe afiliarse a una de las cuatro HMO.
[6] Hasta la fecha se han creado cuatro consorcios (DIFUTURE, HiGHmed, MIRACUM y SMITH), y podrían crearse otros.
